agosto 30, 2010
por Oli Bolsón
Esta mañana, a las ocho y cuarto, se ha cumplido el quinto año desde que Germán García, de 17 años, echó Cola Cao en su vaso de leche y empezó a removerlo con la cuchara, para que este se disolviera y disfrutar de un desayuno en condiciones. Los minutos, las horas, los días pasaron, pero los grumitos seguián allí, desafiantes, sin mostrar intención de querer fundirse en la leche y formar una mezcla homogénea.

Sí, sabemos que es Rajoy bebiendo leche de la Central Lechera Asturiana y tal, pero viene a ilustrar bien el artículo
Aún así, Germán ha podido llevar una vida más o menos normal, aunque ha tenido problemas en la académica. Su ambición le ha dificultado el hacer los deberes al tener las manos ocupadas, y la escusa de “no pude hacer los deberes porque estaba removiendo el Cola Cao” no siempre funcionaba. No obstante, esto ha permitido al joven decidir sus ideales políticos, que dice haberse declarado de derechas y no querer probar el Nesquik, ya que lo más español es el Cola-Cao. Además, es muy conservador y quiere seguir usando los métodos tradicionales, por lo que no ha querido usar el nuevo “Bati-muuu”, un vaso que al pulsar un botón disuelve automáticamente el cacao. Durante este tiempo, ha ido mucho a la iglesia para pedirle a Dios que le ilumine y que le muestre el secreto para llevar a cabo su tarea, y para pedirle perdón por haber hecho estudios científicos (según él, porque después de todo “la ciencia no sirve para nada, es mucho más fácil rezar”) para conseguir desvelar la solución.
“Que no me lo cambien… Pues claro que no me lo van a cambiar, hasta que no consiga mi propósito”
En el domicilio de Germán hay otros casos particulares, como por ejemplo su hermano Andrés, de ocho años, que nunca acabó de limpiarse el culo.
Noticia adjunta irrelevante:
A Delfín le ha hablado un maíz
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